Maremoto ¿habitar o no habitar la costa?

Efectos del maremoto

Luego del terremoto ocurrido a las 3:30 de la madrugada del 27 de febrero, la primera reacción casi inconsciente de los habitantes de localidades costeras, ya acostumbrados a tales sucesos, fue escapar y subir hacia cotas más altas (Irónicamente la institución encargada de alertarlos cumplió la fatídica y contraria labor de hacerlos bajar quedando a merced del mar). ¿Es esta reacción correcta a largo plazo? ¿Debemos habitar las zonas costeras?

Luego de la tragedia han aparecido variadas posiciones con respecto a este tema. El premio nacional de arquitectura Germán del Sol escribió en plataformaarquitectura.cl:

Hacer “un gran parque nacional”
reservando todo este “nuevo litoral”
de las casa del hogar de Cristo
que la emergencia posiblemente instalara
y para siempre.
Trasladar los pueblos a planos en los cerros,
y preservar la orilla del mar,
que estaba entre construida y destruida,
pavimentar un camino amplio y plano
que vaya por el borde de los cerros,
uniendo el litoral, y sacar los caminos
de la orilla, dejándola peatonal,
como un sendero del mar,
con estacionamientos para autos cerca del mar
en cada pueblo estilo Zapallar…etc

Por otro lado, Javier del río (arquitecto consultor especialista en sustentabilidad y eficiencia energética) dijo:

Hay tres posibilidades para el futuro: una es seguir como vamos (siendo la peor e insustentable), otra es pelear contra la naturaleza y la tercera es aceptarla, no combatirla. La segunda, si es inteligentemente realizada, como por ejemplo los diques de Holanda, podría ser muy costosa y no infalible, además Chile es mucho muy extenso y tenemos muchísimo menos recursos: es imposible. La última, es mucho más sensata y adecuada a nuestra realidad; es aceptar y  anticiparse a los inconvenientes, optando por no ir contra la naturaleza.

La pregunta de fondo es ¿son estos sucesos lo suficientemente poco frecuentes como para que la sensación de vivir en latente peligro sea tolerable? Los maremotos específicamente son relativamente escasos, una persona probablemente verá en su vida solo un maremoto en la misma localidad. De la misma manera la frecuencia de las erupciones volcánicas es bastante amplia y nos da, a diferencia de un terremoto, un valioso tiempo de reacción.

Visitando localidades como Dichato, podemos sentir un miedo profundo de volver a habitar en los arrasados terrenos donde se encontraba la ciudad. Pero sabemos que ese sentimiento será pasajero y pronto los ciudadanos comenzaran a retomar su vida y a olvidar los malos momentos, de la misma manera como está ocurriendo en Chaiten, donde incluso sin luz eléctrica ni agua, incluso con los servicios públicos funcionando en Santa Barbara, gran parte de la población ha vuelto a sus antiguas viviendas y el numero se incrementa día a día.

Rem Koolhas escribió “Las personas pueden habitar lo que sea, pueden ser miserables donde sea, y extasiarse donde sea..” refiriéndose a la inconmensurable capacidad de adaptación que los humanos poseen. Quizás nos hemos adaptado, como sociedad, al miedo de vivir de cara al peligro (en el caso de las zonas costeras), pero quizás también es mucho más lo que podemos hacer para hacer esta situación un poco menos precaria. Tal es el caso de Holanda, donde la eterna lucha de habitar bajo el nivel del mar y los gigantescos esfuerzos en organización y tecnología han producido a largo plazo una de las sociedades más desarrolladas del planeta.

Dique de Oosterschelde, Holanda

A partir de un tiempo más, una vez pasada la emergencia, se comenzará a desarrollar los planes reguladores e instrumentos de planificación que modelaran las nuevas ciudades y localidades costeras. ¿Debe adoptar el país una postura  preventiva pasiva y evitar todo asentamiento con el mínimo riesgo; o bien podemos, apoyados en la arquitectura, la tecnología, la ciencia y la organización, generar soluciones que nos permitan adaptarnos a la naturaleza?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *