Facultad de química UDEC, ¿restauración o reconstrucción?

En 1958, como parte del proceso de reconstrucción posterior al terremoto de 1939 (Chillan) y solo un par de años antes del terremoto de 1960 (Valdivia); fue inaugurada la ampliación del edificio que ha albergado por décadas a la facultad de ciencias químicas de la UDEC.

Fue diseñado por el entonces afamado arquitecto chileno Emilio Duhart, quien había tenido el privilegio de estudiar y trabajar con el arquitecto más importante del momento y del movimiento moderno en general: Charles Édouard Jeanneret (Le corbusier); participando en obras tan importantes como la ciudad de Chandigarh (India).

Edificio en sus inicios

Junto con el edificio en cuestión, el arquitecto también fue el diseñador del planeamiento urbano general del campus UDEC; siendo notorios los ideales teóricos y estéticos que movían su obra, los cuales luego influirían también en la obra de toda una generación de arquitectos chilenos de la cual Duhart era la punta de lanza.

Imbuido por el fuerte espíritu del modernismo racionalista de mediados de siglo (luego llamado estilo internacional por Hitchcock y Johnson), Duhart adhiere a los postulados dictados y puestos en práctica décadas atrás por la vanguardia europea. Los cuales se pueden resumir principalmente en:

–          Eficiencia de recursos y optimización industrial de la construcción: en pos de abarcar la alta demanda de construcción barata y rápida para todas las capas de la sociedad, principalmente en la posguerra europea.

–          El concepto de espacio como idea cuasi dogmática que representaba la liberación ante la rigidez de los sistemas constructivos y formas simbólicas del poder excluyente del siglo XIX.

–          Inspiración en teorías plásticas y filosóficas de principio de siglo como el suprematismo, el cubismo y el constructivismo ruso, las cuales le otorgaban una estética purista y en extremo funcional, desligada en todo ámbito del simbolismo ornamental decadente expuesto por Adolf Loos como “delito”.

–          La idea de la arquitectura como posible motor de cambio social hacia una sociedad más justa.

–          Una organización arquitectónica y urbana basada en la disgregación clara de usos en pos de una mayor optimización.

En líneas generales lo que proponía esta arquitectura internacional era el uso extendido de las tecnologías a disposición de manera de optimizar, agilizar y enaltecer los espacios donde se desarrolla la vida humana en pos de una sociedad más justa y acorde con el espíritu de los tiempos, el llamado Zeitgeist.

Analizando el diseño del edificio de química, no cabe duda de la claridad conceptual y la certeza teórica desplegada por Duhart en su diseño. Una arquitectura en extremo funcional dictada por una estructuración eficiente y acorde con la producción local, espacios regulares y flexibles a cambios, una estética purista, la intención clara de generar espacios públicos que permitiesen el encuentro social y el claro concepto del espacio como negación al volumen cerrado (este punto se ve en la intención de separar la fachada de la estructura y otorgarle una materialidad translucida).

El 27 de febrero de este año, el terremoto gatilló un gran incendio que consumió gran parte de las dependencias de la facultad de ciencias químicas, incluyendo una pérdida total de la ampliación diseñada por Duhart. La estructura metálica predominante resistió pobremente el fuego a diferencia del edificio original contiguo, de albañilería reforzada.

Edificio despues del incendio

Luego de tamaño desastre logístico, económico y simbólico para la UDEC y la ciudad de Concepción; se presenta una interrogante lógica: ¿Bajo qué concepto debemos reconstruir las dependencias de la facultad de ciencias químicas? ¿Cuál era el valor simbólico y práctico de tal edificación para la población de Concepción?

En un artículo publicado en el diario El sur, el profesor FAUG UDEC Antonio Celada escribió:

“…Ese edificio estaba alzado como si hubiese sido concebido y construido ayer: magia del mejor modernismo, con la mano de un grande, maestro de maestros de la gran arquitectura de Chile. El campus, el foro, la ciudad no serán lo mismo sin ese emblema insustituible: merece ser re-alzado, en el mismo lugar, con su exacta arquitectura y materialidad

Está claro y es comprensible que exista un fuerte sesgo generacional por parte de los arquitectos formados bajo los preceptos del modernismo Bauhausiano. Pero creo que antes de sostener posiciones tan categóricas y unilaterales, lo primero que debemos preguntarnos es: ¿cuál es el real valor de una obra de arquitectura? ¿Cuando el componente simbólico de un edificio trasciende por sobre su función? Y más importante aún ¿es suficientemente fuerte tal componente simbólico en este edificio para que la sociedad penquista privilegie un afán romántico y conservador por sobre la real necesidad de espacios óptimos que permitan el crecimiento y desarrollo futuro de la universidad?

Es claro que un edificio diseñado hace 50 años no se adapta ni funcional, ni espacialmente a las necesidades optimas de la universidad actualmente; pero es quizás más esclarecedor, incluso  irónico, el hecho de que probablemente el propio Duhart estaría en contra de reconstruir el edificio que el mismo diseñó, ya que tal acto iría diametralmente en contra de los principios que lo llevaron a construirlo. Prueba de esto es el planteamiento de “tabula rasa” que tuvo el movimiento moderno  ante la destrucción en los centros urbanos de la Europa devastada por la segunda guerra mundial, así como ante las edificaciones neoclásicas y art noveau (entre otros estilos) destruidas por el terremoto de 1939.

Los arquitectos tenemos la extraña impresión de que los referentes estéticos e hitos urbanos arquitectónicos que  la sociedad considera rescatables  van de la mano con nuestra  visión de vanguardia, cuando se puede ver claramente que no es así. De hecho los principales referentes estéticos considerados importantes por la mayoría de la población son los que rescatan simbolismos, tradiciones o tienen significados adquiridos. Un ejemplo claro de esto es el edificio del arco de Medicina. Nadie podría negar que dicho edificio representa un importante símbolo para la ciudad, ni siquiera los arquitectos. Ahora bien, dicho edificio consideró en su diseño simbolismos históricos y formas tradicionales que no concordaban con el purismo racional que profesaba la vanguardia arquitectónica del momento.

Edificio arco de medicina UDEC

El componente simbólico en la arquitectura, como fue presentado por el movimiento posmoderno en los 70-80, forma parte permanente de la obra arquitectónica construida, se lo quiera o no. Pero su perpetuación o revaloración depende exclusivamente del sentir de la sociedad. ¿Tenemos los arquitectos una idea clara de la visión global de la sociedad penquista al respecto de los símbolos arquitectónicos que hemos enaltecido a lo largo de los años?

¿Debemos destinar recursos a reconstruir una edificación obsoleta y anacrónica solo basándonos en un afán romántico y de conservación que probablemente no comparte la mayor parte de la población; y peor aún, hacerlo en desmedro de la construcción de un nuevo edificio mejor adaptado a las necesidades actuales de la universidad que podría convertirse en un verdadero símbolo de la reconstrucción y el desarrollo en la región?

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