UN SILENCIO QUE DESTRUYE.

Después del evento telúrico del 27/F apareció una lista de edificios que tenían un pronóstico negativo respecto de sus condiciones de seguridad o estabilidad; es decir, “quedaron mal parados” o con signos de daños importantes. Dentro de esta única lista, quedaron también clasificados una cantidad menor de construcciones que evidentemente están demasiado dañadas y sin posibilidad de recuperación alguna.
Con el tiempo, varios de estos edificios han sido recuperados, y por lo mismo, salido del listado original que los condenaba a la demolición.
Yo, puedo entender que con un adecuado y más riguroso estudio posterior pudiese cambiarse el informe inicial posiblemente caracterizado por el apremio que imponían las circunstancias del momento, mejorando las posibilidades de recuperación de estos inmuebles; o, que estas reparaciones sean tan costosas como hacer de nuevo el edificio; pero, tengo gran inquietud al ver que estas reparaciones pudieran ser realizadas parcialmente o abordadas en forma individual por iniciativa de cada miembro de la comunidad en altura.


Estas estructuras soportaron un esfuerzo enorme deformándose en alto grado para volver después a su punto inicial. En este proceso, el acero alteró su cabal condición como estructura inicial y nominal de trabajo, hecho comprobable al observar las barras expuestas y deformes hacia el exterior del muro, pulverizando el hormigón, y en algunos casos, destruyendo literalmente una porción importante del pilar, cadena, o muro.
Sé de tres historias que ejemplificarán lo que sucede, y que dan pié al titulo del presente texto.
Relato 1.
Una comunidad “X” afectada se pone de acuerdo sobre como enfrentar el problema y logra organizarse muy bien, como pocas en nuestra ciudad. Esta comunidad la integran profesionales con conocimiento en el tema: arquitectos, ingenieros, abogados, y un alto porcentaje de dueños de los departamentos. Sobre esta base, es contratado un equipo técnico externo asesor, también compuesto por otros ingenieros, arquitectos, abogados, además de algunos servicios de informes o peritajes de reconocidos laboratorios.
De este modo la comunidad X logra ser contraparte a la posición de la inmobiliaria dueña del edificio a favor de realizar las reparaciones especificadas por su equipo técnico. Situación que la inmobiliaria accede en base al hecho de que aun faltaba un alto porcentaje de departamentos por vender. Las reparaciones se traducen en ejecutar nuevos muros paralelos a los antiguos en toda la extensión del edificio, o en parte importante de la longitud de estos elementos.
Hoy, los dueños de los departamentos están regresando confiados en que su edificio fue reparado de acuerdo con los requerimientos validados por este equipo asesor inicial, contratado sólo para poder conversar de igual a igual con los dueños del edificio.
Relato 2.
Mientras se produce el megaterremoto del 27/F, una persona observa desde su oficina como el edificio que enfrenta su ventana de trabajo presenta separaciones del orden de los 30cm en sus columnas estructurales principales. Esto significa que el edificio, en ése punto, se levantó 30cm en el aire “cortando” el muro estructural de lado a lado.
Sólo por curiosidad, esta persona investiga de qué manera están reparando el edificio, ya que observa de modo muy discreto que cada día sale material de alguna parte de esta enorme construcción, logrando obtener el dato de que desde la capital llegó un informe que recomendó reparar los muros estructurales dañados replicando en toda su altura un nuevo muro, pero que en Concepción alguien decidió que “eso era muy complicado y costoso de realizar”, ejecutando una alternativa de menos costo avalada por su respectivo informe técnico.
En este segundo relato no hay moradores en el edificio por lo tanto los dueños resuelven sólo con su decisión y particular conciencia.
Relato 3.
Un chofer de taxi colectivo me comenta que un edificio en construcción, localizado en una importante arteria de nuestra ciudad, fue sorprendido por el terremoto cuando tenía muy pocos pisos construidos. Observó días después como la estructura presentaba grietas y fisuras preocupantes, pese a tener muy pocos pisos levantados. Hoy es un edificio de respetable altura; tres veces más alto de cuando lo sorprendió el megaevento. Su relato indica que, producto de su paso frecuente por el lugar, no vio modificaciones en la forma de seguir construyendo ni en la de reparara los daños, detectando solo reposición parcial de las áreas afectadas.
Su preocupación es que sucederá con este edificio, el día que responda con su actual tamaño a un sismo, por ejemplo de 8,8º, si cuando estaba a medio levantar se apreciaron daños evidentes en su estructura.
Este hecho lo he escuchado unas tres a cuatro veces desde diferentes fuentes, todas representando al ciudadano común y corriente de nuestra ciudad.

Hay muchas mas historias de referencia que han llegado a mis oídos; lo preocupante es que son de los ciudadanos que no tienen preparación técnica en estos temas, sólo el sentido común. Entonces, ¿donde está la voz de los técnicos y profesionales que sí están preparados y adiestrados en estos temas? Solo he escuchado a nuestros jóvenes estudiantes de las escuelas de arquitectura y construcción preguntar y declarar públicamente: “¿Cómo es posible que se estén entregando los recursos de demolición a las propias empresas que construyeron los edificios siniestrados?”
Tampoco es aceptable que:
• Las personas que realizaron los proyectos de cálculo estructural de un edificio, sean después los mismos profesionales contratados para realizar las especificaciones de reparaciones; no es lógico ni ético.
• Las empresas que construyeron y remodelaron edificios, hoy estén contratadas para realizar sus propias reparaciones y refuerzos.
• El resto de la comunidad de especialistas y técnicos en la materia guarda silencio.
• (No es bueno) Los edificios se continúen construyendo sin modificar su forma de control por parte de la Dirección de Obras Municipales.
Debe existir un alto ante la gravedad de los hechos derivados a raíz del terremoto, y de verdad, replantearse seriamente el control de calidad en la ejecución de este tipo de construcciones.
UN ÚLTIMO EJEMPLO:
En el terremoto del año 85, en la ciudad de Melipilla, me tocó observar como se repararon cuatro edificios donde el Estado tomó la decisión política de recuperarlos al costo que fuere.
Como estudiante que trabajaba ayudando en labores posteriores de catastro y asesoría técnica para viviendas en adobe, observé cada día los trabajos de recuperación de estos inmuebles, y les puedo decir con certeza que fue una obra titánica que la comunidad “por si sola” nunca podría haber acometido (en la experiencia de Melipilla se aplicaron técnicas de reparación idénticas a las que hoy observo en nuestra ciudad, pero en Melipilla se trataba de estructuras dañadas de sólo 4 pisos de altura.)
Me quedó entonces claro que cualquier construcción se puede reparar, pero también que se debe disponer de una tecnología sofisticada y de mucho recurso económico. Es evidente que en la gran mayoría de nuestros edificios de altura afectados por el terremoto de 2010 no es esa la forma en que se han enfrentado las labores de reforzamiento, cuando los hay. De nuevo, y todo lo contrario, lo que sí hay es un silencio cómplice de parte de autoridades y órganos colegiados de profesionales competentes.
CONCLUYO:
Mucho debemos aprender de los que nos tocó vivir, y tenemos la obligación moral y empírica de dejar registro de cómo mejorar nuestras actuales edificaciones en altura, asi como de la manera en que se puede proponer procesos de recuperación más fiables para este tipo de obras.

EL SILENCIO , LA INHIBICIÓN , NO AYUDAN EN ESTE PROCESO INDISPENSABLE …….

By Pedro Orellana.

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