Palabras al cierre

Columna de Pablo Meza

“Las opiniones vertidas en este programa son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, y no representan necesariamente el pensamiento de…”

Son las palabras que durante años fueron calando hondo en nuestra idiosincracia, como si la normalidad fuera hacer responsable al individuo por sobre la institución, al funcionario por sobre la repartición pública, el ministerio o el gobierno. Con la modernidad, ya ni siquiera hace falta responsabilizar al individuo, ahora simplemente es una falla del sistema.

¿Sabe el Presidente, el Ministro, el Intendente, o el SEREMI de turno que por ejemplo, en Llico existen 80 familias, que a 4 años del terremoto deben salir a la intemperie y caminar por el barro para utilizar baños comunes?

El echo que un gobierno de 4 años haya comenzado su período en medio de la crisis post terremoto, sumado el tiempo de instalación de los funcionarios “aprendiendo la pega”, el cambio de dos ministros de Vivienda y Urbanismo, tres Ministros de Obras Públicas, y en la Región del Biobío dos Intendentes, dos SEREMI de Vivienda y cuatro – si cuatro – Delegados de Reconstrucción, hacen inviable desde todo punto de vista, y apelando a la inteligencia humana, pensar, que es posible haber logrado los porcentajes de reconstrucción publicitados hasta este momento, porcentajes que bordean el 90 a 95%.

Entonces, en el tema de las responsabilidades, ¿A quién le vamos a pedir explicaciones por las cifras, si el promedio de duración en el cargo, en el caso del Delegado de Reconstrucción es de 12 meses, siendo optimista?

No nos puede sorprender que ante las numerosas dudas respecto del avance real de la reconstrucción y los planes de desarrollo urbano, la respuesta sea “no puedo hacerme cargo de lo que me estas consultando”, “yo puedo contestarte de x, y o z mientras me desempeñé en el cargo”, o “ahhh, lo que pasa es que yo desarrollé los planes, no te puedo contestar ni hacerme cargo de la implementación”.

¿De que hablamos cuando hablamos de reconstrucción?, mientras imaginamos la respuesta, el ejercicio más fácil es decir qué no es reconstrucción.

Reconstrucción no es desplazar familias vulnerables de sitios con alta plusvalía y trasladarlos a la periferia de las ciudades a una vivienda de subsidio.

Reconstrucción no es entregarle a una familia de clase media, una vivienda de un tercio de la superficie donde vivía, haciéndola elegir entre cinco viviendas tipo.

Reconstrucción no es desalojar mediante amedrentamiento y acuerdos extra judiciales a familias propietarias de edificios habitables, compensando lo obrado con un cheque.

Reconstrucción no es urbanizar un cerro o un humedal, para que habiten familias a las que se les trunca para siempre, la posibilidad de establecer una actividad económica y optar a una mejor calidad de vida.

Reconstrucción no es desalojar a la fuerza los campamentos mediante un subsidio de arriendo para hacer trampa con el número real de damnificados.

Reconstrucción no es privatizar la ganancia y socializar las pérdidas.

Reconstrucción no es asignarle un valor a la vivienda construida, y que al momento de entregar la llave este se desplome en un fenómeno único en Chile que hemos denominado “minusvalía”, es decir la pérdida del valor comercial de la construcción debido a la mala calidad de los materiales, malas terminaciones, deficiencias en las instalaciones sanitarias, todo esto sumado a una urbanización precaria y a una ubicación alejada de servicios, locomoción, seguridad, etc.

¿Sabe el Presidente, el Ministro, el Intendente, o el SEREMI de turno que por ejemplo, en Llico existen 80 familias, que a 4 años del terremoto deben salir a la intemperie y caminar por el barro para utilizar baños comunes?

¿Que existen niños y adultos mayores que deben ducharse con agua helada en pleno invierno, escuchando promesas de reconstrucción?

¿Que una y otra vez se ha violado la normativa vigente de construcción, avalado por dos informes y dictámenes de contraloría, mientras el Ministro de Vivienda declara que las viviendas se construyen con ADN de clase media?

Por supuesto que no lo saben, esta vez es una falla del sistema, al visitar la web de reconstrucción del MINVU aparece esta ficha para Llico, cero damnificados.

El gobierno se está terminando, comienza el cierre de transmisiones, lo que significa para ellos apagar las cámaras y salir del estudio. Para las familias en Llico, Villa Futuro, Centinela, Aurora de Chile y tantos otros es un acto rutinario, están acostumbrados a apagar la tele todos las noches, con la esperanza que todos los logros que aparecen en esa caja puedan alguna vez hacerse realidad.

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