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Lecciones Aprendidas

Columna de opinión de Rodrigo Sanzana V.

¿Se ha aprendido de la catástrofe del 2010?. Sin duda. Todo se ha pensado mejor ante los primeros momentos de la emergencia. La Autoridad de turno demostró celeridad en la información, en la evacuación preventiva y existió desplazamiento a los territorios afectados para conocer de la situación. Es decir, pareciera que hemos aprendido la lección de reaccionar ante las emergencias sísmicas.

Sin duda, existe un conocimiento arraigado en todos los chilenos, debido a la historia siempre presente de movimientos sísmicos, único evento natural no predecible en lo absoluto.
El primer momento ha pasado, y se ha sorteado con éxito. Ahora viene lo presente, los efectos duraderos de 3 minutos de movimiento de la tierra y de un maremoto de pequeñas dimensiones. Todas las cifras apuntan que el terremoto de 1/A ha sido 10 veces menor en todos los aspectos que el de 2010. Entonces podríamos decir que existen 10 veces más de posibilidades de hacer bien las cosas para la reconstrucción.
Se vienen las viviendas de emergencia, los nuevos asentamientos urbanos transitorios y la convivencia forzada entre vecinos y vecinas. Documentos y experiencias al respecto existen muchas, la experiencia práctica de 2010 o la más destacable probablemente sea el proyecto Esfera, donde se destacan las normas mínimas universales en ámbitos esenciales de las respuestas humanitarias. Es decir, para la segunda emergencia que es la satisfacción de necesidades básicas no deberían existir dificultades para sobre llevarla de la mejor manera. Es necesaria la capacitación a la población, la trasparencia en la información evitando especulaciones o demandas irracionales tanto en tiempo como en dinero.
A un ritmo de catástrofes cada 4 años, no hay ni habrá gobierno preparado para enfrentar las demandas de los damnificados, que seguro serán satisfechas en sus necesidades básicas. A este ritmo será necesaria la creación de algún fondo especial para emergencias, cargable a la nueva reforma tributaria, dejar un porcentaje de libre disposición de emergencias o cualquier otra medida que puedan sugerir los expertos en presupuesto de la Nación, dependiente de algún ministerio o de un futuro ministerio de Gestión del Riesgo. Ya que solo con dinero, y con dinero extra, no contemplado en ningún presupuesto es posible una reconstrucción, oportuna, de calidad y participativa.
Habrá que reconstruir muchas casas, y que por pequeña que sea la reconstrucción, comparada con la de 2010, no debe ser mezquina e idealmente forzando que las soluciones no estén mediadas para la utilidad en el proceso. Ya que, sin duda, ese ha sido el gran aprendizaje moderno de la Reconstrucción: El Lucro de la Catástrofe.
La reconstrucción del sur del país tuvo un promedio de 7 millones por solución, los que al ser mediados por privados se transformó en una real inversión de 3.5 a 4 millones de pesos por medida, quedando toda la diferencia en las empresas constructoras y las subcontratistas de éstas. Con cifras que disminuyen en 50% el real valor, es necesario, al menos, el cuestionamiento de la calidad de lo construido.
Ya se ha dicho en reiteradas ocasiones que la reconstrucción del Gobierno de Sebastián Piñera, solo verá su realidad calidad en 5 ó 7 años más, cuando el abaratamiento de los costos de construcción o las faltas a las normas de construcción serán cristalizados por el paso inexorable del tiempo.
Por otro lado tenemos la reacción de la población, mediada para todo Chile por los medios de comunicación. El temor, el estado de Schok son revelados en las imágenes que los medios quieren comunicar. Pero, han existido hechos: la especulación en precios, las barricadas para una pronta solución, o la exigencia inmediata de reposición de servicios básicos han inundado la información de masas. Ahí, otra tarea para mejorar nuestra cultura sísmica, que no solo corresponde a dónde ir a guarecerse, si no, también a las consecuencia mínimas de un evento sísmico superior a los 8 grados Richter. La única forma de aplacar dicha reacción es con trabajo en terreno, con planificación participativa hasta el cansancio, informando de plazos reales, siendo responsable en las ofertas y exigiendo la actividad de la comunidad.

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