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Caleta Tumbes Entre mundial y mundial

Por Rodrigo Sanzana Vásquez

El 7 de junio de 2010, los habitantes de caleta Tumbes, y en especial los de la aldea Maryland, se preparaban para ver el inicio del mundial de Sudáfrica 2010, donde participaría la selección chilena. Y aunque eso los tenía atentos, no era lo más importante.
En ese tiempo hubo mucha preocupación por contar en cada aldea-campamento-barrio de emergencia, con una sede equipada con las condiciones mínimas para poder disfrutar del evento deportivo. Data, computador, proyector y hasta antena, había en cada una de estas sedes.
En la aldea Maryland, el frío es penetrante, se siente sin mediar voluntad y el sol es privilegio de muy pocos debido a la posición en que instalaron sus carpas a los pocos días de ocurrida la catástrofe del 27/F. Más de dos años estuvieron 75 familias aisladas de la caleta Tumbes, ya que sólo contaban con un acceso de menos de dos metros de ancho para entrar y salir de allí.
Las ambulancias, carros de bomberos o fletes sólo llegaban a la puerta de este nuevo asentamiento humano, cada vez más común en este Chile de emergencias. El baño afuera de la casa, a más de 40 ó 80 metros, hacían que cualquier necesidad en el medio de la noche debiera adaptarse al ingenio de confeccionar un baño interior.
Los que pudieron, acondicionaron, aislaron e incluso ampliaron sus viviendas, pero siempre con una alfombra de barro o río en caso de invierno. Luego de muchos meses, varias cosas mejoraron: se abrió el ingreso para vehículos, los colectivos comenzaron a pasar por afuera de la aldea y se comenzó a visualizar la solución definitiva, allá en lo alto del cerro.
Hoy, 13 de junio de 2014, los habitantes de la aldea Maryland, que reúne a familias que antes del terremoto y tsunami de 2010 vivían en caleta Cantera, Puerto Inglés y Candelaria, se preparan esta vez para ver el partido de Chile versus Australia en el mundial de Brasil… ¿Qué cambió entre mundial y mundial?
En la antesala del debut de Chile en el evento deportivo más importante del planeta, la aldea Maryland, no tiene acceso a vehículos. Esta vez, por obras necesarias para abrir el camino hacia lo que será la nueva Villa de Reconstrucción en caleta Tumbes. El agua escurre cerro abajo afectando a los vecinos y vecinas, y pasa por debajo de quienes pasarán un quinto invierno en una aldea-campamento-barrio de emergencia.
Sin embargo, los vecinos vecinas de la Maryland, siempre han mantenido un positivismo desbordante, una capacidad de residencia admirable, un espíritu de superación complejo de entender y un compromiso con la vida, tal vez propio de la relación cotidiana y natural con el mar.
El 27/F modificó no sólo algunas zonas geográficas, instaló puentes innecesarios en el Biobío o vio una oportunidad para lucrar con la desgracia ajena, si no que también generó nuevos liderazgos, personas que con la capacidad de sostener una familia desafiaron los tecnicismos, burocracias y complejidades impuestas para obtener alguna ganancia económica, política o social de la catástrofe.
Estas dirigentas siempre han logrado un proceso de unión y no sólo entre los miembros de una directiva, sino que de tres directivas correspondientes a tres aldeas de Caleta Tumbes. Han transmitido tranquilidad a sus miembros y vecinos y han sabido responder con fuerza, pero a la vez comprender la ineptitudes y las dificultades del proceso.
Entre un mundial y otro, no queda más que sacarse el sombrero por estos vecinos y vecinas, que en cuatro años han llevado casi a los límites de la tolerancia un proceso que se realizó a espaldas de la ciudadanía y de la mano de la rentabilidad.

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