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VIVIR BIEN: ¿UN DERECHO O UN PRIVILEGIO?

Últimamente he recibido un sin numero de invitaciones a Charlas y Seminarios sobre Sustentabilidad y Eficiencia Energética, de las cuales no deja de llamarme la atención el que el tema hoy en día se remite más que nada a agregar más pieles a las construcciones aludiendo ciertos materiales de una empresa X, en donde mientras más capas voy sobreponiendo y mayores sean los espesores de estos, más óptimos van siendo los resultados. Incluso se habla de ciertos sistemas de certificaciones del comportamiento térmico de la edificación, como LEED solo por nombrar el más conocido, al cual puedo aspirar a obtener en algún nivel dependiendo de si la edificación cumple o no con ciertas normas o requerimientos. Cuando pregunté que tanto más encarecía los costos de la construcción la respuesta fue lo que obviamente imaginaba, en los estándares más altos de certificación los costos son elevadísimos recuperables en inversión a unos 20 años o más, por lo tanto ¿a quién le puedes ofrecer esto? ¿solo a gente con buen poder adquisitivo?.

Entonces ¿qué queda para nuestras viviendas sociales? , donde las normas están muy por debajo de lo que es considerada una vivienda térmicamente confortable, donde la solución habitacional pareciera ser más el producto de un número que el cumplir con las verdaderas necesidades de la gente. Donde incluso en viviendas sobre las 2.000 UF algunas inmobiliarias están más preocupadas de hacer su negocio invirtiendo más en el maquillaje de la vivienda que en la buena calidad de la construcción, inclusive ofreciendo viviendas más confortables con soluciones de doble vidrio en ventanas pero que en lo operativo realmente no sirve de nada si están llenas de puentes térmicos y materiales de mala calidad.

Casos de mala calidad de viviendas son muchos y repetidos a lo largo de todo nuestro país, por nombrar el más emblemático y extremo:

Las famosas casas COPEVA de Villa El Volcán en Puente Alto; conocidas como las casas de nylon luego de que un temporal dejara al descubierto la mala calidad de la construcción y el agua lluvia ingresara al interior de las habitaciones con el frío y humedad que esto implica. Donde todos miraban con  una cierta incredulidad la solución “momentánea” de cubrir las casas con plástico como medida parche de las autoridades, convirtiéndose en la imagen ícono de las deficiencias en la construcción de las viviendas sociales, que finalmente fueron demolidas el año 2006  a casi una década de su construcción.

Foto: Alejandro Oliva, publicada en The Clinic, año 2009.

(foto Alejandro Olivares publicada en The Clinic, año 2009)

 Los parámetros y estándares de calidad de nuestras viviendas lamentablemente son muy deficientes, muy por debajo de la idea de habitabilidad en relación al conjunto de condiciones ambientales aceptada como suficientes por parte de los usuarios para llevar a cabo actividades cotidianas.  Por lo mismo urge un cambio de enfoque en las políticas públicas que abarcan las materias de vivienda tanto en el ámbito público como privado, donde el estado vele por la apuesta a elevar el estándar de vida mínimo de sus habitantes asegurando un buen vivir como un derecho garantizado y no el privilegio de unos pocos.